Y si la Luna me hablara,
yo me quedaría callado:
no creo poder emitir nada
que no conozca ya.
Y si la Luna hablara,
no encontraría momento
de verme reflejado.
Y si la Luna hablara,
no faltaría el deseo
de sumergirse en sus
calmas y oscuras aguas,
de perderse en el misterio insondable
de su penumbra irracional,
de tirar toda explicación
por la borda
y sumirse en las sombras.
Y si la Luna hablara,
la vería entre mis zapatos,
desatando mis cordones.
La vería crepitar mansamente
respondiéndole al Sol,
a los astros.
Si la Luna hablara,
si la Luna hablara,
si la Luna hablara…
La Luna no habla.
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