Le sonrío con la boca rota mirándolo a los ojos, mientras mi nariz deja entrever un hilillo de sangre que brilla,
canto Almendra y le agradezco
haberme
permitido
volver a ser más pequeño.
Él no me entiende, desvanezco antes de terminar la estrofa :
"Era una chica que voló, vio florecer la luz del Sol y no volvió."
Los monos gritan, se masturban, se sodomizan, los unos a los otros. Y yo veo, como en un sueño, mientras se muerden, como el rojo mancha la vereda, y mi pisada no deja rastro. Ella me habla de relojes cucú, patos frenéticos vestidos de traje, CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC CUAC rabiosos escuchas del jazz bop, empinan castores famélicos en sus copas, y el swing los hace sentir que el tiempo es un panqueque de ( antagónico ) doble discurso :
U observas la rosa, finalizada u observas la misma rosa, que ha tardado toda la edad del cosmos, para crecer, en la tierra, húmeda y fértil.
Nos contemplamos atentos, mientras los monos gritan en el cuarto de al lado. Deja caer, indiferente, mi mandíbula.
Mensajes sin decodificar nos llegan a través de este insomnio lunar.
Ella me tiene colgado de una mesa, a la que le falta una pata, haciendo equilibrio.
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Y otra vez, su nudillo alcanza mi carne, que se deshace en espasmos mientras estoy acostado sobre mi vómito, totalmente en blanco, volviendo a nacer.
-El dolor es un predicador, el dolor es un maestro. Gracias- le digo, con los dientes maquillados de rouge.
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Llenamos la casa con sombrillas, solo por diversión. Sombrillas de playa, paraguas, y de esas muy pequeñas que le ponen a los tragos. Por toda la casa. Cocinamos panqués, y nos despertamos a cualquier hora. Maravillado, contemplo como poco a poco, su alma se va abstrayendo de su cuerpo. Toco su muñeca, me zambullo en su piel y paseo en bici haciendo círculos por su columna vertebral.
Eléctrica ánguila nerviosa cruza espasmódica su extensión, sacudón maremoto excursión.
Ella habla de patafísica, y me relata historias sobre delfines y osos hormigueros que duermen en la lámpara de mi mesa de luz.
Sé que no pertenece a este mundo, sé que no pertenece al mundo de los sueños.
¿Será cuestión de pertenecer?
Lo olvido.
La lluvia golpea la chapa y su voz recorre mis tímpanos volviéndome literalmente una gallina.
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Los monos, fantásticos monos, viviendo su cuento de bananas, gritan desde la cocina, entusiasmados por el sudor y la fast food. Nuestra generación de monos MORANEGRA. Donde sea que vayas, verás monos que hablan solos con su MORANEGRA. En el subte, el colectivo, de a dos, sentados en el inodoro, haciendo fila en el super. La MORANEGRA les come el cerebro. Ya no hay más bananas, ahora las bananas son de fibra óptica. Las monas no se prostituyen, se regalan. ¡ Más polietileno por favor! ¡ No te olvides de ponerle telgopor a tu banana !
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Hay objetos con historia. Hay lugares con historia. Hay personas con historia. Hay muchas cosas con historia. Hay objetos que nos hacen entrar en otro mundo. Hay lugares que nos hacen entrar en otro mundo. Hay personas que nos hacen entrar en otro mundo. Hay muchos mundos que nos hacen entrar. ( ¿ O era salir ? )
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En fin, me deja boquiabierto. Grito feliz el gol de que me hayan pateado la cara. Ella con sus dulces palabras, remonta un barrilete con su boca y me deja, haciendo equilibrio con una pata menos, sobre una mesa metafísica.